”Sólo el hombre que no teme a la muerte ha dejado de ser esclavo” Montaigne




Todos los seres humanos tenemos unas necesidades que varían según las circustancias (salud, enfermedad, proximidad de la muerte,...) y la prioridad que cada persona les da, pero dentro de una horquilla tan estrecha que se pueden casi generalizar.

Conforme se va acercando el final de la persona se van sutilizando sus necesidades. Sin prescindir de las anteriores van apareciendo nuevas o al menos, nuevos enfoques de las mismas.


Necesidades en la salud:

- Básicas: respirar, comer, beber, dormir, ropa, cobijo, ausencia de dolor,...

- Sociales: sentirse protegido de peligros, saberse querido en una familia o grupo, saberse aceptado y respetado, tener intimidad,...

- Transcendentes: respeto a su forma de pensar. Dentro de una corriente filosófica o religiosa determinada o fuera de ella todo ser humano tiene su sabiduría de la vida y ninguna es mejor o peor que otra, mereciendo todas el mismo respeto. Todas deben ser ofertadas pero ninguna impuesta con promesas o amenazas.


Necesidades en la enfermedad:

- El ser humano enfermo se ve amenazado al cambiarle muchas perspectivas de su vida. Teme por su integridad física, el dolor, el aislamiento, incapacidad, pérdida del bienestar, pérdida de su autonomía, equilibrio emocional, separación familiar, dependencia de otros,...

- Todavía causará mayor desasosiego el hecho de cambiar su entorno conocido, rodeado de sus seres y objetos queridos por el ambiente frío, desconocido y rígido de un hospital.


Necesidades en el morir:

- Por supuesto que necesitamos cubrir todas las necesidades anteriores, incluso prestando especial atención a algunas como la supresión del dolor en lo posible.

- Es cuando más vulnerable se vuelve el ser humano, cuando con más facilidad puede caer en la depresión y angustia y es justo cuando menos apoyo se le da, menos se quiere hablar del tema que más le preocupa y cuando más se deja a su suerte.

- Podemos tener muy claro que a la hora de morir nos gustaría estar en casa, que no nos mientan sobre nuestra enfermedad, que nos acompañen nuestros seres queridos, que podamos comunicar nuestros miedos, angustias y sentimientos. Al llegar la hora nuestra o de un familiar actuamos de distinta manera y la mentira, el mutismo y el mirar para otro lado presiden los últimos momentos del moribundo.

- Se cierra un círculo vicioso, al pensar los familiares que es mejor si el moribundo no sabe nada, cuando sabemos que lo sabe todo. Y lo sabe todo por nuestras caras, por desviar las conversaciones, por nuestros gestos, por lo absurdo de las respuestas que damos, ... por otro lado, el paciente se calla al comprobar la angustia que produce en la familia cualquier referencia al tema que más le agobia.

- Tampoco en los hospitales hay personal preparado para cubrir esta necesidad. No nos quepa duda que es una necesidad. Nos quedaríamos sorprendidos al conocer muchos diálogos del moribundo con el enfermo de la cama de al lado, limpiadora, celador,... u otro ser humano que le merezca confianza.

- La hipocresía de la sociedad se manifiesta en toda su amplitud al presidir la mentira unos momentos maravillosos y enriquecedores para todos si la sinceridad y la comunicación se hicieran evidentes.

- Y... nos va a suceder al 100% de los humanos.

- Nos deberíamos de esforzar en encontrar mejores fórmulas y practicarlas para prepararnos.

- La única actuación que ofrecemos es la asistencia al funeral y quizás sea la que menos aporte al difunto.

- Por otro lado es un tema que no le interesa potenciar en absoluto al poder. Si el poder se esforzara en el desarrollo integral del ser humano, atendiendo a sus necesidades reales, perdería fuerza y sería lesivo para sus intereses, manejos, robos y engaños.


1-Saberse acompañado:

Es importante para el moribundo saber que hay alguien a su lado compartiendo el espacio. Mejor si hay comunicación, pero ya de por sí muy importante solo acompañar. No hace falta buscar bonitas palabras, solo acompañar de corazón.


2-Saberse escuchado:

Dejar hablar. Escuchar. Puede que haya que hablar poco. El moribundo puede necesitar hacer preguntas que muchas veces se las hace a sí mismo y que demuestran sus angustias y sentimientos. Puede preguntar cosas como esta: “¿ Cree que me perdonarán mis pecados?”

A veces afirman que ha estado a su lado un familiar fallecido hace tiempo o que han visto a Dios o a un santo. No es por la medicación ni que el enfermo se esté volviendo loco. La ciencia actual desconoce el motivo, muchas corrientes de pensamiento le dan explicación. En cualquier caso no es el momento de disertaciones con el enfermo acerca de la veracidad o no del episodio, ni de que se incremente la angustia familiar.

No molestar al enfermo con excesivas preguntas del tipo ¿me reconoces?. Si el paciente no puede responder pero entiende todo (situación frecuente) lo angustiaremos más.


3-Preparación:

Poca angustia podemos aliviar al moribundo si a nosotros nos aterra la idea de morir. Primero se tiene que inspirar uno mismo.

Trabaje con la idea de morir, episodio tan natural como la vida. Libere sus temores. Por otro lado nos vamos a morir todos. Siempre será mejor sin temor que con él.

Si no sabe que hacer, rece. Rece a lo que usted considere sagrado y le haya motivado a nobles sentimientos durante su vida. Da igual un dios, un santo, un buda, la naturaleza, algún ser bondadoso que haya conocido y falleció,...

Dé por sentado que esos nobles sentimientos aflorarán en ese momento y los captará el moribundo, beneficiándole. En estos momentos precisa más que nunca amor, dulzura, ternura, sinceridad,...

A la vez, usted notará que recibe sentimientos enriquecedores por parte de la otra persona. Es un momento precioso para sentirse humano y compartir esa humanidad.

Muchas veces el moribundo consuela al vivo dándole consejos y preocupándose de que su muerte no cree un gran desconsuelo. Estos consejos suelen ser mensajes de paz y de resaltar las cosas realmente importantes de la vida.


4-Dar esperanza:

Insista siempre en lo que la otra persona ha logrado y hecho bien. Ayúdela a sentirse constructiva y satisfecha con su vida. Ensalce sus virtudes y olvide sus defectos.

En estos momentos nos volvemos muy sensibles a los sentimientos de culpa y la depresión, por eso hay que concentrarse en dar esperanzas, del tipo que sean, para conseguir que se muera en un estado mental lo más sereno posible.


5-Encontrar perdón:

Anime a la persona moribunda a hacer las paces con los familiares y amigos de los que esté distanciado. Ayude a disolver cualquier odio que pueda quedar en su corazón. Sugiera que si no puede cara a cara escriba una carta o realice una grabación pidiendo o dando perdón.

Si viéramos que se estimula la ira al tocar este tema, dejémoslo pasar, más vale no incrementar la angustia en esos momentos.


6-Reavivar “la sabiduría de vida” del moribundo:

Hay que ensalzar la sabiduría de vida del moribundo, no la nuestra, no es hora de hacer proselitismos. Hay que ser ingeniosos y tratar de averiguar las motivaciones del moribundo que pueden ser tan variadas como personas hay.

Pudiera venir bien rezar una jaculatoria en un cristiano, recitar un mantra en un budista, recordar a Alá en un musulmán, mencionar la próxima unión con la naturaleza en un chamán, el tranquilizar diciendo que todo irá bien (gran número de seres pasaron este trance) en un ateo,...

Atender la demanda, nunca imponer, de un director espiritual de la religión que sea.


7-No matar antes de tiempo:

Muchas veces el moribundo está enfermo pero no es tonto y no podemos desconectarlo de decisiones que le afectan a él y al entorno familiar antes de tiempo. Se debe sentir útil y tener en cuenta su opinión acerca de lo que come, quién quiere que le visite, compras y ventas a realizar,... y en general acerca de todos los temas por los que manifieste interés.

A veces el enfermo se muere porque ya lo han matado sus familiares cuando comprueba que ya es una gran carga para ellos, que discuten por sus posesiones, que le exigen demasiadas veces que tiene que poner más voluntad, que no le permiten ni llorar, que aumenta el clima de tensión y hostilidad.


8-Atender deseos no realizados:

Siempre que sea posible. Pudiera desear ver a algún conocido y podemos gestionar este encuentro para evitar que muera con este deseo.

Otras veces pudiera ser un fuerte deseo de visitar un país o población determinada. Si realizar este deseo no fuera posible puede ser muy beneficioso mostrarle un reportaje en televisión e incluso colocar una fotografía de ese lugar decorando la habitación.

La demanda otras veces se puede referir a solucionar temas como pensiones, hipotecas,...


9-Sigue teniendo necesidades básicas:

A veces, ante la conmoción del próximo desenlace, nos olvidamos de lo básico.

El moribundo está mejor en su casa, rodeado de sus objetos apreciados y seres queridos. Sigue siendo más agradable una habitación limpia (no usar lejía ni productos de olor penetrante pues las mucosas de la nariz se vuelven más sensibles), ventilada, soleada y con flores.

Las visitas deben de ser cortas y a demanda del moribundo. No agobiarlo. Es útil, al tocarle la mano no hacer presa en ella, ponerla debajo de la suya para darle la oportunidad de retirarla de forma cómoda cuando él quiera.

No olvidar el trato humano aunque parezca que el paciente está desconectado en coma. Realmente desconocemos hasta que punto se está enterando de lo que sucede a su alrededor. No sería el primer caso en que un paciente que ha estado en coma muchos meses, sin ninguna aparente relación con el medio, poco antes de morir, al acercarse la enfermera que le trataba con más dedicación la ha cogido de la mano y le ha dicho adiós llamándola por su nombre.

No forzar con la comida. Sus necesidades alimentarias no son las nuestras. Atender a sus demandas. Suelen preferir comidas calientes y ligeras, estilo sopas y purés.

No olvidar todas las instrucciones médicas que se nos den en un sitio especializado acerca de la medicación para el dolor, cuidados posturales (puede respirar mejor de lado que boca arriba), complicaciones que pueden surgir y que pueden ser importantes o no,...

No cuchichear en su presencia, lo más seguro es que lo perciba y que siga en su creencia de que se está tramando en su contra. Es mejor salir de la habitación para hablar.